Duerme, niño pequeño,
duerme tranquilo en la cuna,
que a tu cabeza está el sol
y a tus pies está la luna.
Duérmete, niño chico,
que viene el coco
y se lleva a los niños
que duermen poco.
Duérmete, niño pequeño,
mira que viene la loba,
buscando de casa en casa
dónde está el niño que llora.
Duérmete, niño chico,
duérmete y calla,
no le des a tu madre
tanta batalla.
Ven, sueño, ven
por aquel caminito.
Ven, sueño, ven
a dormir a mi angelito.
Duérmete, niño, en los brazos
y dormirás con descanso;
duérmete, niño, en la cuna
y dormirás con fortuna.
Duérmete, niño pequeño,
que hay en el cielo una estrella
que ha de velar por tu sueño,
entre todas la más bella.
-Autor anónimo-
lunes, 9 de agosto de 2010
martes, 27 de julio de 2010
Cuento a la hora de peinarse
La princesa y la bruja
Había una vez una princesa con un cabello largo, muy largo. Tan largo era que todas las noches una bruja se lo peinaba despacito durante mucho rato y le hacia una trenza para que pudiera dormir sin enredarse.
Un día la bruja se aburrió de peinar a la princesa y planeó una maldad. Como siempre peinó el largo pelo y lo trenzó bien fuerte. Esperó a que la princesita se durmiera y en puntas de pie se acercó a la cama con una enorme tijera de plata, cortando la pesada y larga trenza. Luego la escondió, felíz de no tener que peinar más ese pelo.
Pero sucedió que a la mañana siguiente la reina fue a darle el beso de buen día a su hijita y vio la maldad de la bruja. Furiosa hizo que trajeran a la malvada a su presencia, ordenándole que devolviera la trenza a su lugar y sin que quede rastro de haberla cortado. La bruja mala se negó y todos buscaron el tesoro por todo el reino sin hallarlo. Cuando ya cansados de buscar, los mas sabios se pusieron a pensar, encontraron la trenza en un arcón antiguo en la habitación de la vieja bruja.
El castigo fue ejemplar: tendría que peinar, cada noche y cada mañana, el largo, largo cabello de la princesa durante el resto de su vida. Y sin usar la magia.
Cuentos pequeñitos, inédito (1994)Susana Siveau
Había una vez una princesa con un cabello largo, muy largo. Tan largo era que todas las noches una bruja se lo peinaba despacito durante mucho rato y le hacia una trenza para que pudiera dormir sin enredarse.
Un día la bruja se aburrió de peinar a la princesa y planeó una maldad. Como siempre peinó el largo pelo y lo trenzó bien fuerte. Esperó a que la princesita se durmiera y en puntas de pie se acercó a la cama con una enorme tijera de plata, cortando la pesada y larga trenza. Luego la escondió, felíz de no tener que peinar más ese pelo.
Pero sucedió que a la mañana siguiente la reina fue a darle el beso de buen día a su hijita y vio la maldad de la bruja. Furiosa hizo que trajeran a la malvada a su presencia, ordenándole que devolviera la trenza a su lugar y sin que quede rastro de haberla cortado. La bruja mala se negó y todos buscaron el tesoro por todo el reino sin hallarlo. Cuando ya cansados de buscar, los mas sabios se pusieron a pensar, encontraron la trenza en un arcón antiguo en la habitación de la vieja bruja.
El castigo fue ejemplar: tendría que peinar, cada noche y cada mañana, el largo, largo cabello de la princesa durante el resto de su vida. Y sin usar la magia.
Cuentos pequeñitos, inédito (1994)Susana Siveau
viernes, 2 de julio de 2010
Pequeños escritores
Hola!
Animaté a mandar tu cuento o poema y si querés y tenés ganas envía un dibujo o tu foto. De esta manera participas. También cual es tu libro preferido y tu colegio.
te espero pronto!
La Biblioteca Alejo Iglesias convoca al VIII Concurso de Cuentos Cortos y Poesía. Pedir las bases en la sede de la biblioteca calle 6 Nº 1089 Villa Elisa o por correo eléctronico biblio_aiglesias@yahoo.com.ar
Animaté a mandar tu cuento o poema y si querés y tenés ganas envía un dibujo o tu foto. De esta manera participas. También cual es tu libro preferido y tu colegio.
te espero pronto!
La Biblioteca Alejo Iglesias convoca al VIII Concurso de Cuentos Cortos y Poesía. Pedir las bases en la sede de la biblioteca calle 6 Nº 1089 Villa Elisa o por correo eléctronico biblio_aiglesias@yahoo.com.ar
lunes, 7 de junio de 2010
Canción del Jardinero, María Elena Walsh
Mirenme, soy felíz
entre las hojas que cantan
cuando atraviesa el jardín
el viento en monopatín.
Cuando voy a dormir
cierro los ojos y sueño
con el olor de un país
florecido para mí.
Yo no soy un bailarín
porque me gusta quedarme
quieto en la tierra y sentir
que mis pies tiene raíz.
Una vez estudié
en un librito de yuyo
cosas que sólo yo sé
y que nunca olvidaré.
Aprendí que una nuez
es arrugada y viejita
pero que puede ofrecer
mucha, mucha, mucha miel.
Del jardín soy duende fiel;
cuando una flor está triste
la pinto con un pincel
y le pongo el cascabel.
Soy guardián y doctor
de una pandilla de flores
que juegan al dominó
y después les da la tos.
Por aquí anda dios
con regadera de lluvia
o disfrazado de sol
asomando a su balcón.
Yo no soy un gran señor,
pero en mi cielo de tierra
cuido el tesoro mejor:
mucho, mucho, mucho amor
--del Libro "El reino del revés" de María Elena Walsh--
entre las hojas que cantan
cuando atraviesa el jardín
el viento en monopatín.
Cuando voy a dormir
cierro los ojos y sueño
con el olor de un país
florecido para mí.
Yo no soy un bailarín
porque me gusta quedarme
quieto en la tierra y sentir
que mis pies tiene raíz.
Una vez estudié
en un librito de yuyo
cosas que sólo yo sé
y que nunca olvidaré.
Aprendí que una nuez
es arrugada y viejita
pero que puede ofrecer
mucha, mucha, mucha miel.
Del jardín soy duende fiel;
cuando una flor está triste
la pinto con un pincel
y le pongo el cascabel.
Soy guardián y doctor
de una pandilla de flores
que juegan al dominó
y después les da la tos.
Por aquí anda dios
con regadera de lluvia
o disfrazado de sol
asomando a su balcón.
Yo no soy un gran señor,
pero en mi cielo de tierra
cuido el tesoro mejor:
mucho, mucho, mucho amor
--del Libro "El reino del revés" de María Elena Walsh--
jueves, 6 de mayo de 2010
Delantales blancos
Delantales blancos
y sonrisas nuevas,
es día y es hora
de ir a la escuela.
Tomense las manos,
caminemos juntos
y que el último tramo
se tarde en pasar:
hoy será la escuela
mañana otro hogar.
y sonrisas nuevas,
es día y es hora
de ir a la escuela.
Tomense las manos,
caminemos juntos
y que el último tramo
se tarde en pasar:
hoy será la escuela
mañana otro hogar.
jueves, 29 de abril de 2010
La higuera, Juana de Ibarbourou
Porque es aspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.
En mi quinta hay cien árboles bellos:
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.
En las primaveras
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higera.
Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos,
de apretados capullos se visten...
Por eso,
cada vez que yo paso a su lado
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
"Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto".
Si ella escucha,
si comprende el idioma que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!
Y tal vez a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:
"Hoy a mí me dijieron hermosa".
--Juana Fernández Morales, conocida popularmente como Juana de Ibarbourou (Melo, 8 de marzo de 1892 - Montevideo, 15 de julio de 1979), fue una poetisa uruguaya.--
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.
En mi quinta hay cien árboles bellos:
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.
En las primaveras
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higera.
Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos,
de apretados capullos se visten...
Por eso,
cada vez que yo paso a su lado
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
"Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto".
Si ella escucha,
si comprende el idioma que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!
Y tal vez a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:
"Hoy a mí me dijieron hermosa".
--Juana Fernández Morales, conocida popularmente como Juana de Ibarbourou (Melo, 8 de marzo de 1892 - Montevideo, 15 de julio de 1979), fue una poetisa uruguaya.--
domingo, 18 de abril de 2010
Amistad, de Juan Ramón Jiménez
Nos entendemos bien. Yo lo dejo ir a su antojo, y él me lleva siempre a donde quiero.
Sabe Platero que, al llegar al pino de la Corona, me gusta acercarme a su tronco y acariciárselo, y mirar el cielo al través de su enorme y clara copa; sabe que me deleita la veredilla que va, entre céspedes, a la Fuente vieja; que es para mí una fiesta ver el río desde la colina de los pinos, evocadora, con su bosquecillo alto, de parajes clásicos. Como me adormile, seguro, sobre él, mi despertar se abre siempre a uno de tales amables espectáculos.
Yo trato a Platero cual si fuese un niño. Si el camino se torna fragoso, y le pesa un poco, me bajo para aliviarlo. Lo beso, lo engaño, lo hago rabiar... Él comprende bien que lo quiero, y no me guarda rencor. Es tan igual a mí, tan diferente a los demás, que he llegado a creer que sueña mis propios sueños.
Platero se me ha rendido como una adolescente apasionada. De nada protesta. Sé que soy su felicidad. Hasta huye de los burros y de los hombres...
--Juan Ramón Jiménez, Platero y yo, Centro Editor de Cultura, 2006-
Sabe Platero que, al llegar al pino de la Corona, me gusta acercarme a su tronco y acariciárselo, y mirar el cielo al través de su enorme y clara copa; sabe que me deleita la veredilla que va, entre céspedes, a la Fuente vieja; que es para mí una fiesta ver el río desde la colina de los pinos, evocadora, con su bosquecillo alto, de parajes clásicos. Como me adormile, seguro, sobre él, mi despertar se abre siempre a uno de tales amables espectáculos.
Yo trato a Platero cual si fuese un niño. Si el camino se torna fragoso, y le pesa un poco, me bajo para aliviarlo. Lo beso, lo engaño, lo hago rabiar... Él comprende bien que lo quiero, y no me guarda rencor. Es tan igual a mí, tan diferente a los demás, que he llegado a creer que sueña mis propios sueños.
Platero se me ha rendido como una adolescente apasionada. De nada protesta. Sé que soy su felicidad. Hasta huye de los burros y de los hombres...
--Juan Ramón Jiménez, Platero y yo, Centro Editor de Cultura, 2006-
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