martes, 11 de septiembre de 2012

Alfonsina Storni, Yo en el fondo del mar

En el fondo del mar
hay una casa de cristal.

A una avenida
de madréporas da.

Un gran pez de oro
a las cinco
me viene a saludar.

Me trae
un rojo ramo
de flores de coral.

Duermo en una cama
un poco más azul
que el mar.

Un pulpo
me hace guiños
a través del cristal.

En el bosque verde
que me circunda
-din don... din dan-

se balancean y cantan
las sirenas
de nácar verdemar.

Y sobre mi cabeza
arden en el crepúsculo
las erizadas olas del mar.


-del libro Mundo de siete pozos.
 Alfonsina Storni


Sala Capriasca, Suiza, 29 de mayo de 1892 – Mar del Plata, Argentina, 25 de octubre de 1938. Escritora, poeta y maestra. 

miércoles, 25 de julio de 2012

Colores en el viento, espctáculo para niños

Te invitamos a compartir cuentos, colores, títeres y pinceles en estas vacaciones de invierno el día 27 de julio
en la Biblioteca Alejo Iglesias

con Patricia Martínez
y Erica Pedraza

de 14 a 16 hs. y de 16 a 18 hs
con merienda

entrada $10

calle 6 Nº 1089  E/ 43 y 44 Villa Elisa, La Plata.

sábado, 26 de mayo de 2012

El ayaymama, tradición popular Americana




Cuenta la leyenda que una epidemia estaba acabando con la gente de una comunidad nativa.
La madre de dos niños, sintiéndose con los primeros síntomas de la enfermedad, quiso salvar del mal a sus pequeños y entonces los llevó al monte, muy lejos y los dejó en ese lugar, cerca de una linda quebrada, abundante en peces y árboles frutales. Con gran pena los dejó, sabiendo que no los volvería a ver más.

Ellos jugaron, comieron frutos y se bañaron en la quebradita, pero ya en la noche sintieron la falta de su madre y partieron en su búsqueda pero se perdieron en el monte.

Asustados, llorando de pena decían cómo no ser aves para poder volar donde mamá. Y el dueño del monte tuvo pena y los convirtió en avecitas y ellos volaron, pero cuando llegaron a su pueblo vieron que ya nadie vivía, todos habían muerto. Desde entonces no dejan de volar y volar, y cuando se posan en lo alto de un árbol, cansados de buscar a su madre, hacen oír su canto lastimero ayaymamá... ayaymamá...

Otras leyendas




Mi bandera, Susana Beatriz Pelassini




La  bandera de mi patria
es el cielo de mi amor
son sus colores como  flores
que Belgrano a ella dio.

25 de Mayo, escuela Nª 25 Manuel Dorrego
                     

viernes, 10 de febrero de 2012

Será que la canción llegó hasta el sol, Luis Alberto Spinetta
















13

Si el camino surge de la nada,

será que mi canción llego hasta el sol

Si algo te sacude sin sentido

será que la canción llego hasta el sol



La tristeza se va como una luz

todo es armonía a mi alrededor

y esta bien



Alguien va subiendo la colina,

será que la canción llego hasta el sol

Y otro va muy loco, hundido en su mente,

será que la canción llego hasta el sol



Una brisa volara en el amanecer

y un extraño tiempo nos envolverá por fin

Esta noche se oirá dentro de tu piel,

no hay ningún momento que se pueda comparar al amor.



Si se escucha el eco, si el viento dice adiós,

será que la canción llego hasta el sol.



-- Letra de canción de cuna de Luis Alberto Spinetta,

Sobre la vida y obra de Luis Alberto Spineta




martes, 20 de diciembre de 2011

El Patriarca de los pájaros, Manuel Garcia Ferrer



Ama la rosa al rocío
y el viento su furioso canto
pero el hombre ama 
 la VIDA.

Ama la fiera la selva,
ama el cielo las estrellas,
y el sol a la luna
ama.

Ama el niño a su mamá,
la mamá ama a su niño
y entre ellos se tienden
lazos de amor.

Pero el Niñito
a todos ama,
menos la guerra
y más la paz.



Manuel Garcia Ferrer es escritor,   artista gráfico, historietista y animador de origen español (Almería, 8 de octubre de 1929), radicado en Argentina desde los 17 años. Su arte ha sido orientado plenamente a los niños, siendo el creador de famosos personajes infantiles, como Anteojito, Hijitus, Larguirucho, Petete y Calculín, así como de tiras animadas televisivas, largometrajes animados y la revista Anteojito.
Más datos aquí




martes, 21 de junio de 2011

A Marianela

basado en el libro "El ingles de los huesos" de Benito Lynch

Refugio del llanto y del desamor
la noche ampara en su oscuridad
miseria y dolor.
Marianela a muerto,
el brillo de tus ojos la apagó.
Pablo
en tu ceguera vida diste
y en la vida de tus ojos
engendraste muerte.


jueves, 26 de mayo de 2011

Un poema de Edith Vera


Tal vez porque fui rama
con hojas, sin espinas.
Más tarde fui una simple
corola en la mañana.
Porque fuego de soles
el corazón me ardieron
y mi sangre fue savia,
y mi piel sin defensa
para ser lastimada.

Después vestí de verde
de blanco y rojo grana
y elegí aquel poema
que tanto me gustaba.
Tal vez, por todo eso
una vez fui manzana.



-de Las dos naranjas.-  Edith Vera (1925- 2003) Villa María ,Córdoba, Argentina.  

jueves, 24 de marzo de 2011

José Pedroni, Papel de lija


Cuando estoy triste lijo
mi cajita de música.
No lo hago para nadie.
Sólo porque me gusta.

Hay quien escribe cartas;
quien sale a ver la luna
para olvidad. Yo lijo
mi cajita de música.

Amarga es la madera
de palo santo, dura.
Pero es como el amor
que no muere y perfuma.

Cuando estoy triste lijo
mi cajita de música.
Porque te vas y vuelves,
no he de acabarla nunca.

Te espero. Mi tristeza
huele a ti y es menuda.
Tengo las manos verdes
esta noche de lluvia.


--José Pedroni (Santa Fe, Argentina -1899-1968).

jueves, 3 de febrero de 2011

Antonio alejandro Gil, Deducir





















A ver he sido propenso

al mar en la gota de agua;

en una brasa la fragua

y en lo medido lo inmenso.

En el paisaje de un lienzo

las facciones del pintor;

la magnitud de un amor

por la extensión de su herida,

y a sentir toda la vida

en la vida de una flor.


-- del libro Tinaja de Antonio Alejandro Gil (Argentina 1884-1952).

sábado, 15 de enero de 2011

Homenaje a María Elena Walsh

 

Canción del jacarandá

Al este y al oeste
llueve y lloverá
una flor y otra flor celeste
del jacarandá.

La vieja está en la cueva
pero ya saldrá
para ver que bonito nieva
del jacarandá.

Se ríen las ardillas,
ja jajá jajá,
porque el viento le hace cosquillas
al jacarandá.

El cielo en la vereda
dibujado está
con espuma y papel de seda
del jacarandá.

El viento como un brujo
pasó por acá.
Con su cola borró el dibujo
del jacarandá.

si pasan por la escuela,
los chicos, quizá,
se pondrán una escarapela
de jacarandá.



--María Elena Walsh (1º de febrero de 1930- Buenos Aires- 10 de enero de 2011). Su obra para niños comprende, entre otros títulos: Tutú Marambá (1960), El reino del revés (1965), Zoo Loco (1965), Dailan Kifki (1966), Cuentopos de Gulubú (1966) Versos tradicionales para cebollitas (1967), El diablo inglës (1974), Caucha y palito (1975), Bisa vuela (1985) y La nube traicionera (1989).
Imagen: tapa del libro "El reino del revés", Espasa Calpe 1996.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Rainer María Rilke, Las rosas

Te miro, rosa, libro entreabierto...

Te miro, rosa, libro entreabierto,
que contiene tantas páginas
de gozo detallado,
que nadie leerá jamás: Libro-mago,
que se abre al viento y puede leerse
con los ojos cerrados...,
salen de él mariposas confusas
por tener las mismas ideas.


--Rainer María Rilke (también Rainer Maria von Rilke) (4 de diciembre de 1875, en Praga, Bohemia, República Checa (anteriormente Checoslovaquia) - 29 de diciembre de 1926, en Val-Mont, Suiza) es considerado uno de los poetas más importantes en alemán y de la literatura universal. Sus obras fundamentales son las Elegías de Duino y los Sonetos a Orfeo. En prosa destacan las Cartas a un joven poeta y Los cuadernos de Malte Laurids Brigge. Es autor también de varias obras en francés.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Un Cuento para Agustina (sobre la anorexia)

Agustina vivia en el bosque.Era hermosa. En su carita la ilusión iluminaba el lugar que habitaba.
En el bosque no había espejos, por eso cada mañana la niña iba a peinarse al lago. Movía con sus manos el musgo redondo y verde de la orilla y se pasaba los dedos por su largo pelo negro. La imagen aparecía borrosa y movida, pero ella creía conocerse de memoria y apenas si se fijaba en los detalles.
La niña temblorosa del agua la volvía timida.

¿Cómo me verán los demás? Y buscaba los ojos de las ardillas, de los pumas, de los coloridos papagayos (todos la visitaban por que se hacía querer mucho), pero en esos ojos aparecía sólo un pedacito oscuro de su imagen.

La niña pensaba " Todo fuera de mí puedo conocerlo: el árbol con su tronco rugoso y sus hojas que el viento mueve; también a mis queridos amiguitos; y aún puedo ver y describir la luna alta y lejana en el cielo de la noche, pero a mí misma no puedo verme como soy. El agua y la pupila me mienten.

En eso pensaba la niña cuando llegó Pacha Mama, la boca y los ojos de la tierra. Pacha Mama si que conocía cada rasgo y cada gesto de cada criatura que vivía bajo el sol porque amaba a cada uno de sus hijos y les había dado el soplo de la vida.

Agustina, le dijo y se le puso enfrente, tú eres como yo, así te hice. Ninguna otra criatura del bosque puede parecerse a mí, sólo tú con tu vida que piensa y siente, temblando apenas en tu frágil cuerpo. Mirame, ¿qué ves? Aquí estamos las dos frente a frente. Así todos te ven.

Y la niña, por primera vez desde que nació, se vió en ese espejo, y se sintió en paz con la imagen que le mostraban. Se dió cuenta que era quién tenía que ser: la niña que Mamá amaba.


Susana Siveau (2001)
Cuentos pequeñitos

lunes, 25 de octubre de 2010

Las doradas Manzanas del sol

...Y recoge hasta que el tiempo y los tiempos
acaben las plateadas manzanas de la luna
las doradas manzanas del sol.
Yeats

La dorada cometa y el plateado viento

Por Ray Bradbury.

Extraído del libro: "Las doradas manzanas del sol"
Editorial Minotauro 1996.

- ¿La forma de un cerdo? -preguntó el mandarín-.
- La forma de un cerdo -respondió el mensajero y partió-.
- O que mal día en un mal año -exclamó el mandarín-, cuando yo era niño la ciudad de Kwan-Si, del otro lado de la montaña, era muy pequeña. Pero ahora ha crecido tanto que le pondrán una muralla.
- Pero, ¿por qué una muralla a tres kilómetros de distancia enoja y entristece a mi buen padre? -preguntó serenamente la hija del mandarín-.
- Esa muralla -dijo el mandarín- ¡tiene la forma de un cerdo!. ¿No entiendes?, la muralla de nuestra ciudad tiene forma de una naranja. ¡El cerdo nos devorará velozmente!
- Ah.

El mandarín y su hija se quedaron pensando.
La vida estaba llena de presagios. En todas partes acechaban demonios. La muerte nadaba en la humedad de un ojo, el giro de un ala de gaviota significaba lluvia, un abanico sostenido así, la teja de un techo, y sí, hasta la muralla de una ciudad era de enorme importancia. Turistas y viajeros, caravanas de músicos, artistas, al llegar a estas dos ciudades, interpretando los signos dirían:
- "¿Una ciudad con forma de una naranja? ¡No, entraré en la ciudad con forma de cerdo y prosperaré, y
comeré y engordaré, y tendré suerte y riquezas!".

El mandarín sollozó.
- ¡Todo está perdido!. Estos símbolos y signos me aterrorizan. Vendrán días malos para nuestra ciudad.
- Entonces -dijo la hija-, llama a los mamposteros y los constructores de templos. Yo te hablaré desde detrás de la cortina de seda y tú sabrás que decirles.
El desesperado anciano golpeó las manos.
- ¡Oh mamposteros! ¡Oh, constructores de ciudades y palacios!

Los hombres que conocían el mármol y el granito, el ónix y el cuarzo llegaron rápidamente. El mandarín los miró intranquilo, atendiendo al susurro que debía llegar de la cortina de seda, detrás de su trono.
- Os he llamado... - dijo el susurro-.
- Os he llamado -dijo el mandarín-, porque nuestra ciudad tiene forma de una naranja, y la vil ciudad de Kwan-Si tiene ahora la forma de un cerdo voraz.
Los mamposteros gimieron y lloraron. La muerte hizo sonar su bastón en el patio del palacio. La pobreza tosió en las sombras de la antesala.
- Y por lo tanto -dijo el susurro, dijo el mandarín-, vosotros, constructores de murallas, ¡traeréis herramientas y piedras y cambiareis la forma de nuestra ciudad!
Los arquitectos y albañiles abrieron la boca. El mandarín mismo abrió la boca ante lo que había dicho. El susurro susurró. El mandarín siguió diciendo:
- ¡Y daréis a las murallas la forma de un garrote que golpeará al cerdo y lo hará huir!
Los mamposteros se incorporaron, gritando. Hasta el mandarín, deleitado ante las palabras que habían salido de su boca, aplaudió descendiendo del trono.
- ¡De prisa! -gritó- ¡A trabajar!
Cuando se fueron los hombres, sonrientes y animados, el mandarín se volvió cariñosamente hacia la cortina de seda.
- Hija -murmuró-, quiero abrazarte.
No hubo respuesta. El mandarín miró del otro lado de la cortina. Ella se había ido.
Cuánta modestia, pensó el mandarín. Se ha escapado dejándome con el triunfo, como si fuera mío.
Las nuevas corrieron por la ciudad, y todos aclamaron al mandarín. Se llevaron piedras a las murallas. Los fuegos artificiales se dejaron a un lado, y los demonios de la muerte y de la pobreza no se detuvieron allí, pues todos trabajaban juntos. Al terminar el mes, habían cambiado la muralla. Era ahora una gran clava para alejar cerdos, jabalíes y hasta leones. El mandarín dormía todas las noches como un zorro feliz.
- Me gustaría ver al mandarín de Kwan-Si cuando oiga las noticias. ¡Qué pandemonio y qué histeria! Querrá arrojarse de lo alto de una montaña. Un poco más de vino, oh hija que piensa como un hijo.

Pero la alegría es como una flor invernal, muere rápidamente. La misma tarde un mensajero entró corriendo en la sala de audiencias:
- ¡Oh mandarín, enfermedades, penas, terremotos, plagas de langostas y pozos de agua envenenada!
El mandarín se estremeció.

La ciudad de Kwan -dijo el mensajero-, si tenia forma de cerdo y que hicimos retroceder transformando nuestras murallas en un poderoso garrote, ha cambiado nuestro triunfo en cenizas. ¡Han construido las murallas de la ciudad como una gran hoguera para quemar nuestro garrote!
El corazón del mandarín se encogió como un fruto otoñal en un viejo árbol.
- ¡Oh dioses! Los viajeros nos despreciarán, los comerciantes, al leer los símbolos, darán la espalda al garrote, destruido tan fácilmente, e irán hacia el fuego, que todo lo conquista.
- No -dijo un suspiro como un copo de nieve detrás de la cortina de seda-.
- No -dijo el sorprendido mandarín-.
- Dile a los constructores -dijo el susurro que era como una gota de lluvia- que den a nuestras murallas la forma de un lago brillante.
El mandarín lo dijo en voz alta para gran alivio de su corazón.
- Y con ese lago -dijeron el susurro y el viejo- ¡Apagaremos el fuego para siempre!
La alegría ilumino a la ciudad que había sido salvada otra vez por el magnífico Emperador de las Ideas. Corrieron a las murallas y las transformaron otra vez, cantando, no tan alto como antes, por supuesto, pues estaban cansados, y no tan rápidamente, pues como habían tardado un mes en modificar la muralla anterior, habían tenido que abandonar los negocios y las cosechas y estaban un poco mas débiles y eran un poco más pobres.

Desde entonces los días se sucedieron horribles y maravillosos, encerrándose unos en otros como un nido de terribles cajas.
- Oh, emperador -gritó entonces el mensajero- ¡Kwan-Si ha cambiado sus murallas, y son ahora una boca que se beberá nuestro lago!
- Entonces -dijo el Emperador de pie, muy cerca de la cortina de seda-, ¡que se transformen nuestros muros en una aguja que coserá esa boca!
- ¡Emperador! -dijo el mensajero- ¡Transformaron sus murallas en una espada para quebrar nuestra aguja!
El emperador se mantenía en pie agarrándose desesperadamente a la cortina de seda.
- ¡Entonces cambiar las piedras, que se transformen en una vaina para guardar la espada!
- ¡Misericordia! -lloró el mensajero a la mañana siguiente- Trabajaron toda la noche y transformaron la muralla en un rayo que destruirá la vaina.
La enfermedad se extendió por la ciudad como una jauría de perros salvajes. Las tiendas se cerraron. La población, que había trabajado durante meses interminables cambiando las murallas, se parecía a la muerte misma, entrechocando los blancos huesos como instrumentos musicales en el viento. Empezaron a aparecer funerales en las calles, aunque era pleno verano, y tiempo de cosechar y recoger. El mandarín calló tan enfermo que tuvo que instalar la cama junto a la cortina de seda, y allí estaba, impartiendo miserablemente sus ordenes arquitectónicas. La voz de detrás de la cortina era débil también ahora, y lánguida, como el viento en los aleros.
- Kwan-Si es un águila. Nuestras murallas serán un nido para esa águila. Kwan-Si es un sol que quemará el nido. Construyan una luna para eclipsar el sol.
Como una máquina enmohecida la ciudad empezó a detenerse.
Al fin el susurro tras la cortina rogó:
- En nombre de los dioses.¡Llamar a Kwan-Si!
El último día de verano cuatro hombres hambrientos llevaron al mandarín Kwan-Si, pálido y enfermo, a nuestra ciudad. Otros hombres sostuvieron a los dos mandarines, que se miraron débilmente. Sus alientos aleteaban en sus bocas como vientos invernales. Una voz dijo:
- Terminemos esto.
El viejo asintió.
- Esto no puede seguir -dijo la débil voz-. Nuestra gente no hace otra cosa que cambiar la forma de nuestras ciudades todos los días, todas las horas. No les queda tiempo para cazar, pescar, amar, reverenciar a sus antepasados y los hijos de sus antepasados.
- Así es -dijeron los mandarines de las ciudades de la Jaula, la Luna, la Lanza, el Fuego, la Espada y esto, aquello, y otras cosas.
- Llevadnos a la luz del sol -dijo la voz-.
Transportaron a los viejos bajo el sol y sobre una pequeña loma. Unos pocos niños flacos remontaban cometas en la brisa de los últimos días de verano, cometas del color del sol, las ranas y las hierbas, el color del mar y el color de las monedas y el trigo.
La hija del primer mandarín estaba junto a la cama de su padre.
-Mirad -dijo-.
- No hay más que cometas -dijeron los dos viejos-.
- Pero que es una cometa en el suelo -dijo ella-, nada. ¿Qué necesita para sostenerse y ser hermosa y verdaderamente espiritual?
- ¡El viento, por supuesto! -dijeron los otros-.
- ¿Y que necesitan el cielo y el viento para ser hermosos?
- Una cometa, por supuesto..., muchas cometas para quebrar la monotonía, la uniformidad del cielo.¡Cometas de colores, que vuelen!.
- Sí -dijo la hija del mandarín-. Tú, Kwan-Si, cambiarás por última vez tu ciudad para que parezca nada más ni menos que el viento. Y nosotros tomaremos la forma de una cometa dorada. El viento hará hermosa a la cometa y la llevará a maravillosas alturas. Y la cometa quebrará la uniformidad de la existencia del viento y le dará sentido. Uno no es nada sin el otro. Juntos todo es cooperación y una larga y prolongada vida.
Los dos mandarines se sintieron tan contentos que comieron por primera vez después de muchos días. Recobraron las fuerzas, se abrazaron y se elogiaron uno a otro, llamando a la hija del mandarín un muchacho, un hombre, una columna de piedra, un guerrero y un verdadero e inolvidable hijo. Casi inmediatamente se separaron a sus ciudades llamando y cantando, débiles pero felices.

Pasó el tiempo y las ciudades se llamaron Ciudad de la Cometa Dorada y la Ciudad del Viento Plateado. Y se cosecharon las cosechas y se atendieron otra vez los negocios, y todos engordaron, y la enfermedad huyó como un jacal asustado. Y todas las noches del año, los habitantes de la Ciudad de la Cometa podían oír el buen viento que los mantenía en el aire. Y los de la Ciudad del Viento podían oír como la cometa cantaba, susurraba, se elevaba y los embellecía.

Así sea. -dijo el mandarín junto a la cortina de seda-.

lunes, 9 de agosto de 2010

Duerme, niño

Duerme, niño pequeño,
duerme tranquilo en la cuna,
que a tu cabeza está el sol
y a tus pies está la luna.

Duérmete, niño chico,
que viene el coco
y se lleva a los niños
que duermen poco.

Duérmete, niño pequeño,
mira que viene la loba,
buscando de casa en casa
dónde está el niño que llora.

Duérmete, niño chico,
duérmete y calla,
no le des a tu madre
tanta batalla.

Ven, sueño, ven
por aquel caminito.
Ven, sueño, ven
a dormir a mi angelito.

Duérmete, niño, en los brazos
y dormirás con descanso;
duérmete, niño, en la cuna
y dormirás con fortuna.

Duérmete, niño pequeño,
que hay en el cielo una estrella
que ha de velar por tu sueño,
entre todas la más bella.


-Autor anónimo-

martes, 27 de julio de 2010

Cuento a la hora de peinarse

La princesa y la bruja


Había una vez una princesa con un cabello largo, muy largo. Tan largo era que todas las noches una bruja se lo peinaba despacito durante mucho rato y le hacia una trenza para que pudiera dormir sin enredarse.

Un día la bruja se aburrió de peinar a la princesa y planeó una maldad. Como siempre peinó el largo pelo y lo trenzó bien fuerte. Esperó a que la princesita se durmiera y en puntas de pie se acercó a la cama con una enorme tijera de plata, cortando la pesada y larga trenza. Luego la escondió, felíz de no tener que peinar más ese pelo.

Pero sucedió que a la mañana siguiente la reina fue a darle el beso de buen día a su hijita y vio la maldad de la bruja. Furiosa hizo que trajeran a la malvada a su presencia, ordenándole que devolviera la trenza a su lugar y sin que quede rastro de haberla cortado. La bruja mala se negó y todos buscaron el tesoro por todo el reino sin hallarlo. Cuando ya cansados de buscar, los mas sabios se pusieron a pensar, encontraron la trenza en un arcón antiguo en la habitación de la vieja bruja.

El castigo fue ejemplar: tendría que peinar, cada noche y cada mañana, el largo, largo cabello de la princesa durante el resto de su vida. Y sin usar la magia.

Cuentos pequeñitos, inédito (1994)Susana Siveau

viernes, 2 de julio de 2010

Pequeños escritores

Hola!

Animaté a mandar tu cuento o poema y si querés y tenés ganas envía un dibujo o tu foto. De esta manera participas. También cual es tu libro preferido y tu colegio.


te espero pronto!


La Biblioteca Alejo Iglesias convoca al VIII Concurso de Cuentos Cortos y Poesía. Pedir las bases en la sede de la biblioteca calle 6 Nº 1089 Villa Elisa o por correo eléctronico biblio_aiglesias@yahoo.com.ar

lunes, 7 de junio de 2010

Canción del Jardinero, María Elena Walsh

Mirenme, soy felíz
entre las hojas que cantan
cuando atraviesa el jardín
el viento en monopatín.

Cuando voy a dormir
cierro los ojos y sueño
con el olor de un país
florecido para mí.

Yo no soy un bailarín
porque me gusta quedarme
quieto en la tierra y sentir
que mis pies tiene raíz.

Una vez estudié
en un librito de yuyo
cosas que sólo yo sé
y que nunca olvidaré.

Aprendí que una nuez

es arrugada y viejita
pero que puede ofrecer
mucha, mucha, mucha miel.

Del jardín soy duende fiel;
cuando una flor está triste
la pinto con un pincel
y le pongo el cascabel.

Soy guardián y doctor
de una pandilla de flores
que juegan al dominó
y después les da la tos.

Por aquí anda dios
con regadera de lluvia
o disfrazado de sol
asomando a su balcón.

Yo no soy un gran señor,
pero en mi cielo de tierra
cuido el tesoro mejor:
mucho, mucho, mucho amor


--del Libro "El reino del revés" de María Elena Walsh--

jueves, 6 de mayo de 2010

Delantales blancos

Delantales blancos
y sonrisas nuevas,
es día y es hora
de ir a la escuela.
Tomense las manos,
caminemos juntos
y que el último tramo
se tarde en pasar:
hoy será la escuela
mañana otro hogar.